
La autonomía se expresa en la identidad de la institución, la toma de decisiones, la estructura y la estrategia. A su vez se ejerce en ámbitos como el diseño de los contenidos y estrategias didácticas y pedagógicas; la administración de la institución; las políticas y el gobierno; la gestión de los recursos humanos, y los servicios ofrecidos por la institución.
La autonomía institucional está directamente conectada con las normas, por lo tanto es posible inferir que será baja la autonomía institucional cuando la presión normativa (reglamentos, directivas) es alta, porque más son las influencias directivas exógenas que las decisiones y directivas internas, por tanto no existiría actividad institucional autónoma. En estos casos la uniformidad escolar es abundante, es decir la mayoría de las IE actuarían bajo las mismas directivas de fuera y tendrían la misma característica de sometimiento a decisiones externas. Si por el contrario la normativa es escasa la autonomía es más amplia y los centros escolares serán más responsables en cuanto a los resultados, porque estarían ejerciendo su derecho a decidir la solución a sus problemas y la aplicación de las metodologías y estrategias pertinentes en relación a su propia problemática y a las condiciones de su entorno.
Se pretende autonomía, sí, pero en el marco del ejercicio pleno de las facultades legalmente conferidas a la institución y que una vez entrelazadas con la problemática de la comunidad y sus políticas, proponen una práctica propia, sui generis, que responde a una propuesta original, propia, única en el sentido de características institucionales, propuestas, necesidades del contexto, condiciones del medio, metodologías y estrategias.
Los dispositivos correspondientes en los últimos años han “otorgado” autonomía, so pretexto de que las IE tienen libertad para disponer el horario de trabajo, el cronograma anual de actividades, de formular su plan curricular y algo más, pero sólo eso, a pesar de la “libertad” que dan no es posible mostrar una autonomía plena, satisfactoria, por la omnipresente fiscalización o supervisión de los entes intermedios, que no muestran signos de acompañarlas precisamente, en la consecución de la capacidad de auto gobierno, la presión normativa es constante y frena cualquier intento innovador.
Más que recibir la autonomía como una norma a cumplir, limitada de por sí a ciertas condiciones externas, las instituciones deberían ganarse el derecho a ser autónomas, bajo condiciones emanadas de su propia problemática de su quehacer diario, de sus potencialidades y debilidades, de sus logros y fracasos, solamente arriesgando nuestras propuestas sabremos de lo que estamos hechos y lo que podemos hacer, el camino a seguir estará lleno de obstáculos, porque no siempre los caminos han sido pavimentados con las mejores intenciones.
La autonomía institucional está directamente conectada con las normas, por lo tanto es posible inferir que será baja la autonomía institucional cuando la presión normativa (reglamentos, directivas) es alta, porque más son las influencias directivas exógenas que las decisiones y directivas internas, por tanto no existiría actividad institucional autónoma. En estos casos la uniformidad escolar es abundante, es decir la mayoría de las IE actuarían bajo las mismas directivas de fuera y tendrían la misma característica de sometimiento a decisiones externas. Si por el contrario la normativa es escasa la autonomía es más amplia y los centros escolares serán más responsables en cuanto a los resultados, porque estarían ejerciendo su derecho a decidir la solución a sus problemas y la aplicación de las metodologías y estrategias pertinentes en relación a su propia problemática y a las condiciones de su entorno.
Se pretende autonomía, sí, pero en el marco del ejercicio pleno de las facultades legalmente conferidas a la institución y que una vez entrelazadas con la problemática de la comunidad y sus políticas, proponen una práctica propia, sui generis, que responde a una propuesta original, propia, única en el sentido de características institucionales, propuestas, necesidades del contexto, condiciones del medio, metodologías y estrategias.
Los dispositivos correspondientes en los últimos años han “otorgado” autonomía, so pretexto de que las IE tienen libertad para disponer el horario de trabajo, el cronograma anual de actividades, de formular su plan curricular y algo más, pero sólo eso, a pesar de la “libertad” que dan no es posible mostrar una autonomía plena, satisfactoria, por la omnipresente fiscalización o supervisión de los entes intermedios, que no muestran signos de acompañarlas precisamente, en la consecución de la capacidad de auto gobierno, la presión normativa es constante y frena cualquier intento innovador.
Más que recibir la autonomía como una norma a cumplir, limitada de por sí a ciertas condiciones externas, las instituciones deberían ganarse el derecho a ser autónomas, bajo condiciones emanadas de su propia problemática de su quehacer diario, de sus potencialidades y debilidades, de sus logros y fracasos, solamente arriesgando nuestras propuestas sabremos de lo que estamos hechos y lo que podemos hacer, el camino a seguir estará lleno de obstáculos, porque no siempre los caminos han sido pavimentados con las mejores intenciones.

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